miércoles, 7 de octubre de 2009

!Cómo me arrepiento de haber votado por Chávez!


José Dacre (nombre de pila de Maraco) permanece en una zona del internado judicial de La Planta denominada Resguardo 1. Como su nombre lo indica, es una de las áreas más seguras de la cárcel, apartada del caos, la miseria y la crueldad que ponen en riesgo la vida de los reclusos. Con otros tres presos ha hecho más soportable el encierro: le colocaron cerámica al piso hace dos meses, tienen un baño limpio, una cocinilla eléctrica, una nevera pequeña y ventiladores.

En la puerta de Resguardo 1 Maraco recibe a los visitantes. Justo al lado hay un altar de santos criollos y restos de las ofrendas: caramelos para el Santo Niño de Atocha, un tabaco a medio consumir para Francisca Duarte y un velón blanco derretido para María Lionza.

Pide es dejar constancia de su agradecimiento a todos los que viven y trabajan en La Planta por el buen trato que le han dado: "Uno de los primeros materiales para prevenir la influenza que llegó a la cárcel me lo dieron a mí. Igual, he ayudado al que he podido, porque creo que nunca se debe perder la solidaridad".

Siempre al frente. Si Maraco estuviera en libertad habría encabezado la marcha de estudiantes del sábado, como hizo en muchas manifestaciones de protesta de la oposición.

"Yo siempre iba al frente, con el camión de sonido que manejé desde que entré a la lucha política al lado de Leopoldo López. Toda mi vida conduje vehículos pesados. Así levanté a mi familia y eso era lo que podía hacer contra este gobierno autoritario".

­¿Cómo se vinculó con el movimiento estudiantil? ­Durante las protestas por el cierre de RCTV estaba con mi camión en la plaza Brión. La situación entre la PM y los estudiantes se estaba poniendo peligrosa y me monté encima del camión, agarré un megáfono y le dije a los muchachos que se sentaran en el piso y levantaran las manos.

De esas primeras experiencias surgió la mano abierta como símbolo del movimiento estudiantil pacifista. Desde entonces, cada vez que los muchachos necesitaban el camión de sonido me llamaban. Siempre traté de evitar la violencia e intercedí por los estudiantes ante la PM. Hablaba con el comisario Corona, por ejemplo, para ponernos de acuerdo sobre la ruta y el lugar de destino de una marcha. Ellos mandaban un funcionario de inteligencia que vigilaba el camión y me decía: "Cualquier cosa me pegas un grito". Nadie me puede acusar de blandir un arma o algo por el estilo.

­Pero usted fue detenido y acusado por la Fiscalía por transportar bombas molotov en su camión.

­Eso me lo sembraron. Quizás alguien se dio cuenta de que ese camión era un emblema de la resistencia. Creo que la trampa que me tendieron tuvo la intención de amedrentar a cualquiera que pensara en salir a las calles a protestar contra el Gobierno. Pero ese camión también sirvió para proteger a un grupo de reporteros de Venezolana de Televisión, Vive y Ávila TV que fue acosado por los estudiantes opositores que iban al TSJ. Yo los saqué de allí y los conduje a buen resguardo.

­¿Alguna vez ponderó el peligro de ir al frente de las marchas opositoras? ­Más peligroso es salir a la calle a las 9 de la noche. Más peligroso es ir a un hospital público con una enfermedad grave. He luchado y seguiré luchando por la construcción de un país diferente, donde no haya miseria.

­¿Cree que la oposición hace lo correcto para construir ese país que usted quiere? ­El país no sólo ha tenido los 10 años de mal gobierno de Chávez, sino 50 años de calamidades. Desde la caída de Pérez Jiménez los partidos políticos no han dado la talla. Ahora están enredados en mezquindades y desconocen las bases.

Estuve en Primero Justicia y me fui; estuve en Un Nuevo Tiempo y me fui... Parte del reto es lograr una dirigencia política de oposición que esté en sintonía con la gente.

­Fustiga a los partidos, pero en la repisa donde están sus libros hay tres sobre Rómulo Betancourt, fundador de AD.

­Sí. Para mí Rómulo, fue un político excepcional, de los cuales ya no hay.

­¿Por quién votó en 1998? ­Por Chávez. Y cómo me arrepiento de haber votado por él.

Le decía a mi esposa: "Esa es la esperanza del país". Me parecía un hombre bien plantado. Pero me desengañé cuando empezó a regalar el país a sus incondicionales, dentro y fuera.

Cuando empezó a satanizar y a reprimir cualquier inconformidad con su gestión.

El Nacional