lunes, 30 de junio de 2008

Motín en Cotiza


El jueves 26 de junio, una semana después del gravísimo incidente en que una comisión de la Policía Metropolitana fue repelida con fuego de armas automáticas por paramilitares pro-oficialistas en un sector de la parroquia 23 de Enero, otro grave episodio se produjo, esta vez en las propias instalaciones de la sede central de ese cuerpo policial, en Cotiza.

Según fuentes del interior de esa institución, en la mañana de este jueves una ola de malestar recorrió al personal azul, ya que aproximadamente a unos dos mil efectivos le fue retrasado (¿retenido?) el pago de su salario. Eso generó expresiones de descontento que intentaron ser conjuradas por el director de ese cuerpo policial, comisario William Flores Trocel, concentrando a los disgustados en el auditorio de esa sede policial. Tal medida lo que hizo fue potenciar la protesta.

Lo que al principio fue desconcierto o malestar se transformó en abierto y activo rechazo de los efectivos policiales a unas medidas que, según ellos, "nos están empujando a convertirnos en lo que debemos combatir", pues argumentan que siendo padres y madres de familia, con hijos que mantener y cuentas por pagar, "retener nuestros salarios -que ya de por sí son miserables- es empujarnos a las calles, a matraquear o algo peor. ¿Eso es lo que quieren? ¿Para eso están hostigando a los policías profesionales que quedamos?". Al final, tuvo que ser llamado un fiscal del Ministerio Público, para mediar en la crisis.

La Policía Metropolitana alguna vez tuvo más de ocho mil efectivos en la calle, constituyendo el quinto cuerpo armado más grande del país. Incluso en esos tiempos de supuesto esplendor, numerosos efectivos de la PM eran objeto de crítica y denuncia por parte de habitantes de sectores populares por la "matraca", la corrupción y el uso indebido de la fuerza. Esa situación crónica se volvió aguda a partir de 1999.

En efecto, bajo la "gestión" municipal de Alfredo Peña la PM se transformó en campo de batalla de los conflictos internos del chavismo. Luego, el "gobierno" municipal (es un decir) de Juan Barreto profundizó la crisis, al descabezar los mandos profesionales y colocar en puestos clave a individuos que hasta el pasado muy reciente eran perseguidos por la policía por pertenecer a grupos violentos. Ahora, con la PM en manos del Gobierno central, tenemos a ese cuerpo en plena agonía, con miles de efectivos pidiendo la baja, con sus jubilados denunciando que son estafados por funcionarios de la propia Alcaldía Metropolitana, con sus efectivos siendo emboscados a plomo limpio por civiles oficialistas con aparente licencia para hacerlo, y ahora por último teniendo que amotinarse para cobrar su salario.

Mientras todo eso ocurre, en las calle los caraqueños siguen siendo asesinados, secuestrados y atracados a diario, y el ministro sigue dando sus ruedas de prensa, "informándonos" de lo bien que todo anda en materia de seguridad. Así, hasta que la olla de presión estalle. ¡Y luego hablan de conspiraciones!

Jesús Torrealba
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