miércoles, 4 de febrero de 2009

Profanar para despistar: una base de inteligencia de la Disip tuvo conocimiento del asalto a la sinagoga con días de anticipación


Se cumplieron 10 años de la fatídica fecha en que Hugo Chávez asumió el poder, para no querer soltarlo ­a confesión de parte­ hasta el 2049. Quienes no nos dejamos engatusar por las promesas imposibles ni por la orgía de su maníaca oratoria, advertimos en aquel confuso discurso de la toma de posesión del 2 de febrero de 1999, al referirse a la necesidad de una asamblea constituyente, la escalofriante mención que hizo de la República de Weimar y de la aparición providencial de Adolfo Hitler en el escenario político de la Alemania prenazi, cuando dijo: “(…) pero ahora, para poder ir a una constituyente hay que reformar la Constitución.

Lo señalamos en su momento como la `trampa constitucional’, lo mismo que hizo Adolfo Hitler con la República de Weissmar para parar un proceso”. En ese instante debieron dispararse las alarmas e imaginar que el país iría hacia una dictadura si dejábamos permanecer en el poder a ese mesías revolucionario envuelto en un manto de arcaico nacionalismo.

Que teníamos que aprovechar la primera oportunidad electoral para desalojarlo de la presidencia. Pero no fue así, su poder creció enormemente durante este decenio y prácticamente se convirtió en un autócrata. Lamentablemente las mayorías han continuado anestesiadas con su verborrea tropical, su fanfarronería bolivariana, y han terminado por legitimar esta aventura totalitaria donde impera la violencia y el odio.

La reciente profanación de la sinagoga Tiferet Israel en Maripérez simboliza lo más vil, lo más abyecto en esta degenerada revolución. La irrupción aberrante del antisemitismo, en la escalada de violencia política que se desarrolla a ritmo de locura, ha causado en la sociedad un estremecimiento, una revulsión como nunca se había visto en este país.

Las inmanejables bandas de franelas rojas que siembran el miedo, invadiendo y vandalizando instituciones, desde la Nunciatura Apostólica hasta la Alcaldía Metropolitana, pasando por el secuestro de funcionarios municipales considerados enemigos o traidores a la patria son fiel retrato de los camisas pardas de las SA que Hitler utilizó para aterrorizar a quienes se oponían a sus designios. Ahora surge un Hitler tropical que intenta reproducir el pasado.

Tic tac

Diezmos y secuestros: los pen drives y la base de datos hurtados en la sinagoga contienen la información de los diezmos que los judíos donan a su comunidad.

Esa información (inteligencia) en manos de la banda integrada por policías, ex policías y delincuentes que profanó el templo es el insumo principal en la industria del secuestro.

Profanar para despistar: una base de inteligencia de la Disip tuvo conocimiento del asalto a la sinagoga con días de anticipación ­los detalles se habrían afinado supuestamente en un apartamento en Campo Alegre­, pero el jefe de ese despacho no se lo informó a su superior, el general Rangel Silva, quien manifestó internamente su repudio.



El Nacional
Marianella Salazar