jueves, 12 de febrero de 2009

Tirar la piedrita, ocultar la mano

"... Han estado amparados en la más pasiva complicidad de las autoridades. Santana lo que ha hecho es admitir públicamente lo que todo el país sabía..." Escribe el periodista en El Mundo.

Desde que, forzado por las circunstancias, el Presidente le sacó el taburete al jefe de La Piedrita y a la propia Lina Ron, ahora todo el chavismo le cae encima a ese par de querubines que tantos aportes le han dado a la revolución bonita. Bastó que el máximo líder enfilara sus baterías contra Valentín Santana, a quien ordenó meter tras las rejas, y diera un ultimátum a la catirrucia del megáfono, para que el coro de obedientes que integra la dirección del PSUV procediera a repetir mecánicamente los cuestionamientos del mandatario a las acciones violentas que se ejecutan bajo atuendo chavista.

¡Vaya ceguera! ¿Tantos años de abierta e impune actividad y es ahora cuando Miraflores entra en cuenta? ¿Nadie supo nunca nada? Y por supuesto, mientras el líder permaneció callado, el alto mando chavista se mantuvo ciego, sordo y mudo. Entre tanto, La Piedrita y Lina hacían de las suyas a la vista de complacientes cuerpos de seguridad y la perpleja mirada de todo el país. Terminada la faena paramilitar, los ultrosos pasaban a la acción electoral desde el mismísimo comando Simón Bolívar, al lado del futuro alcalde (todavía no ha calentado la silla) Jorge Rodríguez y demás jerarcas chavistas.


Las entrevistas de Maye Primera y Sebastiana Barráez con el jefe del Colectivo La Piedrita, Valentín Santana, tienen un incalculable valor periodístico. Ambas revelan el grado de odio y de violencia que anida en la sociedad venezolana. Odio y violencia que, por cierto, no han sido exclusivos de sectores oficialistas, puesto que también han tenido sus manifestaciones por parte de recalcitrantes sectores del antichavismo, pero que en el caso de La Piedrita han estado amparados en la más pasiva complicidad de las autoridades.

Santana lo que ha hecho es admitir públicamente lo que todo el país sabía. Una realidad que estallaba a la vista de todos pero que se ahogaba en el silencio y la indolencia del Estado. Maye y Sebastiana no sólo fueron vehículos para las sorprendentes confesiones y amenazas del jefe de La Piedrita, sino que pusieron al descubierto que no era imposible llegar hasta este hombre que se mueve a sus anchas por toda Caracas y sobre quien pesan tres órdenes de captura. Tan demoledor es el testimonio de estas entrevistas, en especial la de Sebastiana Barráez en Quinto Día, que el Presidente de la República se ha visto forzado, ahora sí, a marcar distancia de La Piedrita y de Lina Ron.

Ha dicho el Jefe de Estado que Santana es un criminal y no un revolucionario. A Lina y a su gente los ha calificado de indisciplinados, anárquicos y ultraizquierdistas. Pero Hugo Chávez -tal vez él mismo no lo sepa- es la más acabada expresión del ultraizquierdismo y nada tiene que ver con una auténtica disciplina revolucionaria.

INDEPABIS. Irregularidades en Mercal y PDVAL de la jurisdicción litoralense fueron detectadas por el ex coordinador del INDEPABIS en el estado Vargas, Carlos Cadenas. Entre las anomalías denunciadas por éste ante el Ministerio de Participación y Protección Social destaca la comercialización con sobreprecio de productos alimentarios subsidiados en expendios ajenos a la red Mercal. La leche completa Casa, cuyo precio era de Bs.F 4,36 se vendía a Bs.F 8. En Punta de Mulatos, Cadenas encontró dos locales provisionales de PDVAL donde estaban siendo reempacados productos subsidiados, como caraotas negras, arroz y azúcar refinada, destinados presuntamente a la venta con sobreprecio. Estas y otras actuaciones provocaron la destitución de Cadenas por orden del presidente de INDEPABIS, Eduardo Samán.

El Mundo