lunes, 9 de noviembre de 2009

Ante la inminente "guerra", el locato ordena a sus milicianos desayunar abundantemente con caraotas negras para llevar adelante la guerra química


Ante la inminente "guerra", el locato ordena a sus milicianos desayunar abundantemente con caraotas negras, huevos sancochados, merengada de cambur y cualquier verga que produzca piorrera: guerra química la llaman en clave los altos jerarcas de la revolución, especializados en el sutil arte de la guerra. Por supuesto, son maestros en la guerra: se la pasan guerreando contra botellas de escocés de 18 años, suculentos cortes de lomito, deliciosas langostas de hasta cuatro kilos de pesos y otras exquisiteses que se zampan por ese güergüero los integrantes de la élite revoluicionaria,especialmente quienes son integrantes de las bolivarianísimas Fuerzas Armadas.



Parapayasos


Con amigos así... ¿quién necesita enemigos? se estará pre-guntando a estas alturas el Presidente de la República, en vista de todo el show radio rochelesco que su vicepresidente, sus ministros y una diputada de la Asamblea Nacional, han montado con el gran plan de propaganda destinado a culpar a Colombia y al mandatario Álvaro Uribe del terror y la inseguridad que se vive en la frontera venezolana. Han sido tan torpes que no sólo meten la pata sino que entierran hasta el cuello al gobierno entero.

Lo del show de los paramilitares no tiene nombre porque, en primer lugar, el Táchira es un estado de primordial importancia por su relación con los departamentos de Santander y del Norte de Santander. Pero no sólo es la cercanía geográfica, sino también el hecho innegable de que es una ruta esencial para el comercio, el transporte de personas y materias primas, para el intercambio cultural y el fomento de las actividades binacionales de las pequeñas y medianas industrias asentadas en la zona.

Tanto San Cristóbal y San Antonio en Venezuela, así como Cúcuta, Pamplona (donde murió el general Anzoátegui y no en acción militar sino de alcoba) y Bucaramanga, en Colombia, están unidas por un eje histórico desde la Independencia. Ha sido, por múltiples motivos, una frontera fluida y permeable para la familiaridad y el comercio. Es imposible determinar cómo y cuándo comenzó a deteriorarse esta relación, pero lo que sí es cierto es que cuando estalló la violencia en Colombia luego del asesinato de Gaitán, ya las cosas no volvieron a ser como antes.

Tampoco olvidemos otro momento álgido como lo fue el surgimiento del Ejercito de Liberación Nacional (y el cura guerrillero Camilo Torres), que escogieron el departamento de Santander como su zona de operaciones. De manera que el ELN se afincó como una fuerza guerrillera importante en la región fronteriza con Táchira.

Decir que ahora, luego de decenas de años de estar controlando militar y comercialmente esta región, se la van a dejar quitar de la mano por los grupos paramilitares es fantasear sobre un enemigo que no existe, y que, si por casualidad existiera, sería aplastado más rápido que inmediatamente. Al contrario, el ELN ha peleado más con las FARC y las venezolanas Fuerzas Bolivarianas de Liberación que con los paramilitares.

Y las razones para estas peleas en la frontera, en las cuales el Ejército venezolano se comporta como un simple árbitro, son el control de los jugosos negocios del tránsito de drogas hacia Venezuela, del multimillonario contrabando de gasolina hacia Colombia, de la "industria del secuestro" de empresarios, ganaderos y agricultores venezolanos, y del tráfico de armas y precursores químicos para la transformación técnica de la hoja de la coca en cocaína.

Todo esto lo sabe el Presidente, y los generales que han pasado a retiro recientemente tienen en sus manos copias de los informes que fueron remitidos al alto mando y a Miraflores.

Editorial
El Nacional