viernes, 20 de noviembre de 2009

Las bases gringas y el chupacabras



La verdad que en la Venezuela de hoy salir a marchar en contra de las bases norteamericanas en Colombia es como armar una protesta contra los extraterrestres o el chupacabras. Y que la manifestación haya sido organizada y encabezada por el gobierno es simplemente patético. No es que uno sea un escéptico irredimible y no espere que algún día lleguen los marcianos bailando chachachá pero, honestamente, me tienen mucho más aterrado las carencias de agua y luz que marcan el día a día de los venezolanos o las proyecciones según las cuales para este año habrá cerca de 20.000 muertes violentas en nuestro país (esa sí es una guerra de verdad y el tipo lo que hace es recular -nada nuevo, sin embargo).

Para ser justos, deberíamos hacer un pequeño test: ¿Qué diría usted en caso de tener que pasar por la tragedia del secuestro de un familiar?

a. Fue hampa común.

b. Se lo llevaron los marines.

c. Lo tienen los narcoterroristas colombo-venezolanos.

d. Fue abducido -anglicismo horrendo- por unos enanitos verdes con unos ojotes.

¿Y qué diría si usted tiene un ganadito en una finca trabajada por años y se le pierden unas cuantas reses?

a. Fue hampa común.

b. Se lo comieron los soldados gringos muertos de hambre.

c. Fueron los malandros narcoterroristas (otra vez).

d. No le queda lugar a dudas de que fue el chupacabras.

Es probable que las últimas opciones pasen como posibles en algún suburbio de neoyorquinos solitarios al borde de un ataque de nervios o en una sabana de Arkansas en donde los problemas de la cotidianidad de los pueblos y las urbes venezolanas no existen, pero aquí, en la ciudad que veo por la ventana, si responde a favor del chupa o de los seres del espacio sideral lo más probable es que ocupe un cargo que le permita tener muchos guardaespaldas (y pocas neuronas). Pero como los anillos cubanos de seguridad y la adulancia infinita hacen que el presidente de los relojes de precios estrambóticos no se tome en serio estas menudencias, es normal que deba preocuparse por otras (no puede explicarse de otra manera que el señor se angustie tanto porque los gringos le vayan a ver la barriga mientras se baña, como si en la era del GPS de bolsillo fuese necesario estar en países vecinos para descubrir hasta los espectáculos más velados y grotescos).

Así como el desocupado granjero de las afueras de Little Rock tiene que buscar entretenerse con un ser imaginario o los solitarios de la gran manzana necesitan creer que trascienden aunque sea pasando por locos, el de aquí podría estar acosado por fantasmas personales inclusive más legítimos pues, ya que no llama la atención de los seres de los confines del universo, podría estar preocupado más bien de que se descubrieran sus relaciones con las FARC y el ELN (toda Venezuela sabe las coordenadas de sus campamentos gracias al gran trabajo de Nelson Bocaranda), o que se estuviera agotando la paciencia mundial en cuanto a la dulce relación Uranio-Caracas-Teherán. También podría ser que ante la dramática caída en las encuestas esté tratando de rescatar una relación de fe con un grupo de personas, pues el discurso ese de que tiene unos documentos que revelan las verdaderas intenciones de los gringos pero que no los puede mostrar es como decir "¡créanme, de verdad, el silbón me persigue, es en serio, defiéndanme por favor!".

Bueno, en última instancia, fantasías hay de todo tipo: templadas, destempladas o tropicales. De modo que les puedo asegurar que, así como en la arenga de la marcha antibases su promotor prometió que estará a la cabeza de las tropas ante una invasión gringa (¡Ay, museo militar cómo pesas!), yo doy mi palabra de que estaré al pie del cañón cuando los alienígenas pretendan clavar su pica en Flandes. Mientras tanto ligaré que no se vaya la luz antes de que le pueda mandar este artículo a Miguel Maita y que no me roben mi celular esta tarde, como le pasa a más de 100.000 venezolanos al mes.


Marcos R. Carrillo P.

http://www.eluniversal.com/2009/11/20/opi_art_las-bases-gringas-y_20A3081691.shtml