sábado, 5 de julio de 2008

¡Qué vuelva Gonzalo Barrios!


Si el presidente Hugo Chávez hubiera ganado el referéndum la unidad de la oposición se hubiera logrado en un fin de semana. Ahora hay precandidatos como arroz, algunos abstencionistas quieren ser presidentes y factores de poder se mueven en la sombra, hasta hay quien quiere postergar los acuerdos unitarios, o mejor hasta no cumplirlos.

Este domingo no se reunirán Gonzalo Barrios y Rafael Caldera a jugar dominó, ni aguardarán en la puerta de la casa del primero decenas de periodistas para ver salir el humo blanco. Dos grandes partidos dirimían los temas nacionales, buscaban consensos, tomaban en cuenta a la sociedad.

El presidente de Acción Democrática, Barrios, sabía de vinos franceses, literatura y política; Caldera, a su vez, había sido de los arquitectos de Punto Fijo. Ambos conocían el precio que había pagado Venezuela por el canibalismo político: años de militarismo. El país contaba por esos años con políticos de excepción que visitaban París no Disneyworld, leían a Raymond Aron, no el último best sellers. Hoy el pacto firmado el 23 de enero pasado se cumplirá a duras penas, ante la amenaza de que la opinión pública castigue a la oposición si no la respeta. Ah, ¡cuánta falta hacen los comentarios sardónicos de Gonzalo Barrios, quien confesaba que aquí quien no roba en el gobierno es porque no le da la gana.

A los cogollos los estigmatizaron como si fuera malo contar con líderes nacionales, con partidos que representasen el 90% del electorado. Algunos precandidatos desconfían de las encuestas. Ellos saben cómo trampearlas. A cambio del apoyo de algunos se les perdonan sus tropelías en los municipios, como permisos de construcción corruptos que están provocando concentraciones de población insoportables. Los precandidatos juegan al choque de trenes. A toda velocidad marchan unos contra otros, confiando que al adversario a última hora le fallarán los nervios y saldrá del camino. Nos arriesgamos a un tsunami abstencionista provocado por el cansancio de los electores.

El Gobierno perderá diez gobernaciones y la oposición ganará cinco o seis. El resto caerán en manos de chavistas disfrazados, revolucionarios no chavistas, chavistas sin Partido Socialista Unido de Venezuela. A partir de noviembre habrá un nuevo panorama electoral, el poder de Chávez disminuirá, surgirán nuevos actores. Unos notables más discretos que los del pasado hacen reuniones para poner de acuerdo a los candidatos. Hay que pedir, como en el viejo bolero al reloj, que no cuente las horas. Entramos en la recta final, ojalá que no haya que llegar a las 12 de la noche del último día para inscribir candidatos para firmar los acuerdos.

El petróleo llega a 145 dólares. Este Gobierno no ha emprendido obras ambiciosas, como nuevas autopistas, para resolver el problema del tráfico en las ciudades. ¿Dónde están los reales? Nunca contó Chávez con mayores recursos pero su influencia internacional parece disminuir. Le resulta cómico a argentinos y brasileños, grandes productores de alimentos, que Venezuela, el mayor importador del continente, les proponga soluciones a la crisis alimentaria, en vez de aumentar la producción nacional de leche, arroz, carne, azúcar.

Fausto Masó
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