sábado, 9 de agosto de 2008

EL SOLDADO FANFARRON


El prestigio ganado por Uribe, dados los éxitos contra el terrorismo y el rescate de Ingrid Betancourt y de otros rehenes, ha opacado el liderazgo de pantalla y “guerrerista” de Hugo Chávez.

El reciente encuentro de Lula y de Alan García con Uribe y los acuerdos suscritos entre Brasil, Perú y Colombia, le han mostrado al presidente venezolano el contundente guante blanco de la diplomacia estratégica y sin aspavientos.

Lula emerge como el líder aglutinador suramericano y Chávez aumenta su declive. Mientras que Colombia suma aliados como Chile, México, Perú y Brasil, Venezuela solamente tiene a su lado a quienes mantiene, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. No mencionamos a Cuba, porque hasta Raúl le ha marcado distancia a Chávez y enviado señales de acercamiento a Brasil y EE.UU.

La diplomacia petrolera, de amenazas, de dádivas, suma apoyos ocasionales pero en lugar de generar alianzas estratégicas, de compromisos y de amistad, siembra resentimientos, antipatías y resquemores. Además, cuando una nación se arma “hasta los dientes” ninguno de sus vecinos puede estar tranquilo. Por ello, el acuerdo militar entre Brasil y Colombia a pesar de las diferencias doctrinarias de sus presidentes.

Todo comenzó cuando Chávez se topó con el fallecido sociólogo Norberto Ceresole y con el megalómano déspota Fidel Castro. Ceresole parece haber convencido al presidente venezolano que la fórmula “mágica” para perpetuar un liderazgo eran un “trípode” conformado por un líder, un pueblo seguidor del mismo y sus fuerzas armadas. Como lo hicieron Mussolini, Hitler y, por supuesto, el dictador del Caribe. Castro le debe haber insuflado el “socialismo” y Chávez le aportó lo del “siglo XXI” para relanzar al comunismo del siglo XX.
El problema es que estos liderazgos no se fundamentan en los principios que se esgrimen. Baste decir que el socialismo tiene como razón de ser a los trabajadores y su vanguardia son los obreros precisamente, junto a la avanzada social como los estudiantes y los intelectuales, además de los trabajadores del campo. En el caso de Chávez, la mayoría de los estudiantes, los intelectuales y los trabajadores no están con el gobierno. Tampoco, el denominado “chavismo”, se asienta en las organizaciones sociales y culturales, sino, al igual que antaño, en el “clientelismo” de quienes reciben alguna dádiva del gobierno.

Los “líderes ceresolianos” requieren de la propaganda como en el fascismo, el nazismo o el estalinismo y en el culto de la personalidad. Hoy en día la propaganda del siglo XXI se llama “el pantallerismo”. Se necesita la pantalla de la televisión y la exposición masiva en los medios de comunicación. El pueblo debe “querer”, “admirar” y “seguir” a su líder porque “ve” y “percibe” sus pretendidos éxitos, aciertos y su valentía y arrojo. Así, se crean aparentes o hipotéticos enemigos y se les “combate”. En el caso de Hitler, Mussolini y Fidel por lo menos los enemigos fueron reales y las vanguardias de trabajadores, campesinos, intelectuales y estudiantes, también. Hasta las fuerzas armadas fueron de verdad. Por esto, cuando en el escenario Latinoamericano Lula, Alan García, Bachelet, Calderón o Uribe se crecen, los pantalleros se disminuyen y salen corriendo a crear otro escenario, sea el europeo, el ruso o el español porque se precisa un lugar donde, alguien que se precie y haga alarde de lo que no es, pueda fanfarronear y lograr de esta forma más pantalla.

Vladimir Gessen.
http://elinformegessen.blogspot.com/