martes, 6 de enero de 2009

NUESTRAS BANDERAS


El pasado 1ro de enero (de 2009), en un acto "solemne" en el sagrado Panteón Nacional de Venezuela, donde reposan – entre otros – los restos del Libertador Simón Bolívar, Chávez le volvió a dar una de las tantas bofetadas que le ha propinado al pueblo de Venezuela. Esta vez lo hizo frente a uno de los más sanguinarios asesinos del pueblo cubano, el General Ramiro Valdés. ¿La nueva bofetada?: ¡dar la orden de poner a ondear la bandera cubana al lado de la venezolana!

Para incrementar el infortunio de ambos pueblos, el cubano y el venezolano, los sátrapas castro-estalinistas se han dado a la tarea de distorsionar el sentimiento de hermandad que siempre ha existido entre los hermanos cubanos y venezolanos, alas de un mismo pájaro.

Para los venezolanos de hoy, la bandera de la estrella solitaria cubana, soñada por el general venezolano, Narciso López, no es más que el símbolo de una tiranía extranjera que se ha dado a la tarea de depredar las riquezas naturales de Venezuela y de ayudar, como cómplices necesarios, a destruir moral, espiritual y materialmente la patria de Bolívar.

En el año 1849, Narciso López se encontraba exiliado en la ciudad norteamericana de Nueva York, llevando a cabo los planes para una posible insurrección en Cuba. Una mañana - cuenta la historia - tras un sueño de López, al mirar afuera de su ventana hacia el cielo, vio los colores del alba de la mañana. A lo lejos pudo apreciar "un triangulo de nubes rojas que anunciaba el alba, y en el triangulo brillaba el lucero de Venus, la estrella de la mañana, mientras dos nubes blancas partían desde el triangulo para dividir en tres franjas azules el cielo resplandeciente".

Entusiasmado por la que acababa de ver, Narciso López se dirigió a su amigo cubano, Miguel Teurbe Tolón, para contarle del acontecimiento que se desenvolvió en los cielos. Miguel Teurbe Tolón, inspirado en el sueño del venezolano López, le diseñó una bandera que llegaría a ser la cubana. Emilia Teurbe Tolón, esposa de Miguel, fue quien la cosió a mano por vez primera.

Narciso López dio la vida por la independencia de Cuba. En agosto de 1850 desembarcó con 400 hombres en la isla, pero cayó prisionero en Pino de Rangel. Fue condenado por los españoles a morir en el garrote vil, el primero de septiembre de ese mismo año.

Para los cubanos, la gloriosa bandera tricolor… aunque ahora con ocho estrellas, significa el régimen que les da oxígeno a unos monstruos que han cumplido ya 50 años de oprobio, ignominia y opresión. Juntar ambas sagradas banderas, que hoy – de manera injusta – representan a dos infrahumanas tiranías, es poco menos que una blasfemia, si ellas simbolizan a los regímenes castro-estalinistas que imperan, absurdamente, en Venezuela y Cuba, cuando deberían de significar el gentilicio de ambas naciones, víctimas hoy de un sistema basados en una ideología cargada de crímenes, fracasos y mentiras.

En los respectivos suelos patrios no debería ondear otra bandera que la bandera nacional de cada país, que en Cuba no es otra que la soñada por Narciso López… y en Venezuela, la tricolor de SIETE estrellas

El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes produjo el grito de independencia en su finca Demajagua, al tiempo que realizaba dos actos de suma trascendencia: liberó a sus esclavos y dio a conocer un documento que pasaría a la historia como el "Manifiesto del 10 de Octubre", donde señala las causas de la lucha, la lucha armada como única vía posible y los objetivos: la independencia de Cuba y la abolición de la esclavitud.

Comenzó en Cuba lo que se conoce como "La Guerra de los Diez Años" (o la "Guerra Grande"), la cual fracasó debido a la indisciplina, el caudillismo, el regionalismo, el racismo y las contradicciones de todo tipo, las cuales habían causado profunda debilidad moral en el terreno insurrecto

Al fracasar la guerra, luego de diez años de ardua y sangrienta lucha, se produce entonces una propuesta de paz - elaborada por el general español Arsenio Martínez Campos – que culmina con la firma del conocido "Pacto del Zanjón", el cual sólo daba reformas a Cuba como permitir la formación de partidos políticos no separatistas, crear cierta libertad de prensa y de reunión, otorgar la libertad solo a los esclavos que se habían incorporado a lo lucha. No obstante la paz sin independencia firmada en el Zanjón en 1878, no obtuvo el consenso de las fuerzas independentistas y en particular fue rechazada por el General Antonio Maceo en un evento histórico conocido como la Protesta de Baraguá, el 15 de marzo de 1878.

Esta guerra que duró cuatro años – "La Guerra Chica" – fracasó por su deficiente preparación, por la falta de ayuda exterior, también por la llegada tardía de Calixto García y la ausencia de Máximo Gómez y de Antonio Maceo, un mulato de padre venezolano (Marcos Maceo), llamado por muchos "El Titán de Bronce". No obstante se evidenció la vigencia del ideal independentista, su fracaso sirvió de lección a los cubanos.

El 24 de febrero de 1895 mediante un levantamiento simultáneo en las provincias de Oriente y de Matanzas se reinicia la lucha independentista. Aunque se provocaron levantamientos en Bayate, Guantánamo, El Cobre, Ibarra, etc. El evento pasa a la historia como "El Grito de Baire". Comenzaba así la tercera guerra, la cual José Martí llamó "La Guerra Necesaria", o de Independencia.

En febrero de 1898 se encontraba en el puerto de La Habana el crucero USS-Maine, de los Estados Unidos. El buque había llegado a Cuba para proteger los intereses de los Estados Unidos en la isla durante la revuelta en La Habana contra el sanguinario y brutal general español, Valeriano Weyler, bajo cuyas órdenes sirvió – como soldado español – Ángel Castro, padre del destructor final de Cuba: Fidel Castro.

A las 9:40 de la mañana del 15 de febrero de 1898, una explosión causada por más de cinco toneladas de pólvora destruyó el acorazado Maine. 266 miembros de la tripulación perdieron sus vidas. La marina estadounidense designó una comisión para investigar los hechos. Después de cuatro semanas de investigaciones en La Habana, se concluyó que una mina había explotado debajo (afuera) del barco, pero dadas las dificultades de la investigación, la comisión no identificó ningún culpable, no obstante a eso, Estados Unidos culpa a España y se presenta como víctima, convirtiendo el hecho en un pretexto que induce al pueblo estadounidense a favorecer una intervención militar en Cuba.

El desarrollo de la revolución independentista cubana, visto con creciente simpatía por el pueblo estadounidense, ahora aumentado por la campaña propagandística desatada en torno a la explosión, hace que el 19 de abril ambas cámaras del congreso aprueben la resolución conjunta mediante la cual el gobierno de Washington intervenía en el conflicto. Según el documento, Cuba debía ser libre e independiente y Estados Unidos se retiraría de la isla cuando existieran las garantías de un gobierno estable.

Estados Unidos entra en guerra con España y, con la colaboración de las fuerzas insurrectas cubanas, desembarca sus tropas en la costa sur de la zona oriental de Cuba. Las acciones se libran en torno a Santiago de Cuba.

La flota española quedó bloqueada en el puerto santiaguero e intentó una salida en la cual es aniquilada por la superioridad de las fuerzas navales estadounidenses. Tras el asalto a las defensas externas de la ciudad por las fuerzas cubano-estadounidenses, el mando español decide rendirse. Meses después, según el Tratado de París, España traspasó Cuba a los Estados Unidos sin que se tuviesen en cuenta para nada las instituciones representativas del pueblo cubano.

Con la firma del Tratado de París, la situación política de la ex colonia entró en un limbo. Cuba dejaba de ser colonia pero, al mismo tiempo, el establecimiento de la república tampoco se realizaba. Se iniciaba un período de transición, mediado por la presencia directa de Estados Unidos en el manejo de los destinos insulares.

El 20 de mayo de 1902, sin embargo, nació la República de Cuba siendo electo Don Tomás Estrada Palma como su primer presidente. ¡Al fin éramos independientes!

Al cesar la opresión española en Cuba, retornaron a la isla muchos exiliados que buscaron oxigeno de libertad en Estados Unidos, entre ellos, uno de los poetas más significativo de las letras cubanas, Bonifacio Byrne, quien al entrar en la Bahía de La Habana y pasar por delante de la fortaleza de El Morro, se consternó al ver que junto a su gloriosa bandera de la estrella solitaria, ondeaba – a su lado – la norteamericana. Este bochorno lo inspiró para que escribiera una de las poesías más patrióticas que enorgullece al gentilicio cubano:



Mi Bandera

Al volver de distante ribera,
con el alma enlutada y sombría,
afanoso busqué mi bandera
¡y otra he visto además de la mía!

¿Dónde está mi bandera cubana,
la bandera más bella que existe?
¡Desde el buque la vi esta mañana,
y no he visto una cosa más triste... !

Con la fe de las almas austeras,
hoy sostengo con honda energía,
que no deben flotar dos banderas
donde basta con una: ¡la mía!

En los campos que hoy son un osario
vio a los bravos batiéndose juntos,
y ella ha sido el honroso sudario
de los pobres guerreros difuntos.

Orgullosa lució en la pelea,
sin pueril y romántico alarde;
¡al cubano que en ella no crea
se le debe azotar por cobarde!

En el fondo de obscuras prisiones
no escuchó ni la queja más leve,
y sus huellas en otras regiones
son letreros de luz en la nieve...

¿No la veís? Mi bandera es aquella
que no ha sido jamás mercenaria,
y en la cual resplandece una estrella,
con más luz cuando más solitaria.

Del destierro en el alma la traje
entre tantos recuerdos dispersos,
y he sabido rendirle homenaje
al hacerla flotar en mis versos.

Aunque lánguida y triste tremola,
mi ambición es que el Sol, con su lumbre,
la ilumine a ella sola, ¡a ella sola!
en el llano, en el mar y en la cumbre.

Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día...
¡nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía!...

Cubanos y venezolanos debemos luchar por ver a nuestras banderas ondear – para siempre - en solitaria y soberana dignidad. Ninguna junto a otra de origen extranjero, porque los pueblos son dueños de sus propios gentilicios.

Miami, 2 de enero de 2009

Robert Alonso

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robertalonso.vip@gmail.com