sábado, 31 de enero de 2009

¡Produciremos 30 millones de toneladas de acero! ¡Exportaremos hielo a Alaska, leche a Nueva Zelandia, queso a Francia, jamón serrano a España!


Por una lata de atún


Señor Chávez, tema más al precio de la lata de atún que al Pacto de Puerto Rico. Por el estómago llegan las verdades, descubrió Carlos Marx, mientras sus hijos morían de mengua en cuartuchos de Londres. Un simple vaso de jugo de naranja que venden por las esquinas de Caracas ¡subió un 33%! ¡A descubrir las vitaminas del agua del chorro!


Chávez cambia sus gerentes. El serrucho se tranca, no sólo por culpa de ellos sino también del propio Presidente que los escogió: Chávez ha designado 12 presidentes del Metro; durante más de 12 años José González Lander volvió al Metro el orgullo de Caracas. Ahora el Metro se deteriora a paso de vencedores.

No hay tal sabotaje en la importación de alimentos, sino un desorden infinito en la entrega de divisas y el manejo de los puertos. Basta con visitar Puerto Cabello y La Guaira para ver los barcos anclados mar afuera. La Guaira nunca se recuperó del desastre del deslave.

Ni Pablo Pérez, ni Carlos Ocariz, ni Antonio Ledezma ni Capriles Radonski quieren acabar con las misiones. Es la inflación las que las está volviendo sal y agua.

Compré unas laticas de atún para unos tallarines. ¡Duplicaron el precio! ¿Qué comerán los pobres? Pues aquello que respondió orgulloso ese coronel que no tenía quien le escribiese. ¡Mierda!

Con un barril de petróleo a 140 dólares, la inflación en Venezuela superó el 30%; con menos dólares, empeorará. A Chávez no lo amenaza la caída del precio del petróleo ni tampoco lo salvará la inevitable recuperación del barril.

¿Leyó Chávez 1984 de George Orwell? Agrede a los estudiantes y los acusa de violentos. A la guerra la llama paz; al odio, amor.

¿El chavismo acompaña al Presidente en esta nueva política? No. La indignación va por dentro. Surgirán más disidentes que se sumarán a los asambleístas de la oposición a partir del 2010. ¡Ah, Dios mío, esos abstencionistas que ahora juran haber sido partidarios siempre de votar. A este cronista le sacaban la madre porque siempre pedía votar, con Smartmatic y sin Smartmatic.

Las misiones andan de capa caída; los ingresos adicionales que recibían las familias pobres se esfuman por los aumentos de precios.

Como el fantasma del padre de Hamlet, la lata de atún le aparecerá en sueños una noche al Presidente. Ojalá que, para ese momento, la oposición unida, en vez de contentarse con librarse de Chávez, le diga adiós al pasado y al presente y se abrace al futuro.

Las misiones salvaron a Chávez; su quiebra lo hundirá. Si decreta este año un aumento de sueldos de 35% para compensar la inflación, esta se disparará. Chávez no devaluará a corto plazo, hará algo peor: pasar muchos productos a dólar libre.

Chávez corre contra el tiempo; lo persigue su sombra, el mal Gobierno. Hay que presentar una alternativa real para que los pobres coman otra vez atún.

Eso les interesa más que la vigencia del artículo 69 de la Constitución, o la división de poderes.

El pasado viernes, el Presidente le explicaba al país la teoría de la plusvalía y del valor. Olvidaba que el socialismo real descubrió que sin precios fijados por el mercado la economía no funcionaba.

Presentó planes de desarrollo de acero, aserraderos, enormes plantaciones, rescate de sistemas de riego… Estaba contando el cuento de la lechera: ¡Produciremos 30 millones de toneladas de acero! ¡Exportaremos hielo a Alaska, leche a Nueva Zelandia, queso a Francia, jamón serrano a España!

Patético y triste.