domingo, 5 de julio de 2009

Cayapero


Lo que le sale del forro: he allí el concepto de constitución que late en las entrepiernas del teniente coronel. La que incuba en sus sacrosantos cojones. Suficientemente adobados de guardaespaldas cubanos, metralletas soviéticas, guayaberas, dos o tres mudas de uniformes de campaña, una maleta de lingotes de oro cargada por su amanuense y una chequera siempre a la mano. Detrás suyo el gorilón que vino del Metro, su hermano bíblico y una pandilla de chimpancés condecorados. De entre los cuales le guardaba las espaldas en Managua el más feo, el más viejo y el más impresentable, un tal Jacinto Pérez Arcay, exhibiendo su vejez bubónica y un pecho tapizado de condecoraciones. Versión vernácula y circense de Chapita Trujillo. Flor y nata del militarismo cuartelero, costra provinciana de catres de campaña, sentinas y caballerizas. Hedor, paja y letrina militar. Barniz de cultura.

Indiscutible: el dictador Juan Vicente Gómez tenía infinita mayor prestancia. Además de comprobados apéndices. Y tuvo a su lado a la élite de la inteligencia nacional, desde Gil Fortoul a Vallenilla Lanz y de Diógenes Escalante a Caracciollo Parra Pérez. Lo mismo Pérez Jiménez, quien solía rodearse de funcionarios suficientemente preparados y eficientes como para transformarle la cara, el ritmo y la fisonomía a la ciudad, convirtiéndola en la más evolucionada del Caribe. En cuanto a Cipriano Castro, por mencionar nuestros últimos caudillos, manifestaba mayor imaginación y decencia. A pesar de lo que diga Pío Gil y lo que de él escriba Mariano Picón Salas. Chávez, la forma más pervertida y depravada de sus sombras no es más que su cayapa, su grupete, su pandilla. Puesto en la soledad de su existencia no se encumbra por sobre los calzoncillos. Precisamente esos, lo que se lavaba con jabón azul en una pileta de La Orchila. Cuando sus congéneres, hartos de su prepotencia y su verborrea, en vez de mandarlo a Cuba, como hicieran sus hermanos hondureños con el fantoche de Zelaya al que despacharon a Costa Rica, decidieron meterlo preso. Para su propia desgracia.

Es zafio, soez y analfabeta. Prepotente y fanfarrón. Y no conoce otra discreción que la de la entrega de los fondos públicos a sus aliados, babeados porque les saca las patas del barro. ¿Qué comerían los cubanos sin la malversación de nuestros dineros públicos? ¿Qué los nicas, sin la mano estirada de Daniel Ortega? ¿En qué aviones se montaría el cocalero boliviano sin la asistencia de la Fuerza Aérea venezolana? Cientos de ambulancias a La Paz, mientras mueren niños baruteños porque en Venezuela ya no hay con qué apagar los incendios.

Y ese señor domina y controla la OEA. Todo por la cayapa, por la patota, por la mafia. Huérfano de amor verdadero, lo compra al mejor postor. Le sale gratis. Se nutre del saqueo a los dineros de todos los venezolanos. Cuando la ira represada se salga de cauce no quedarán ni sus suspiros. Será atropellado como una cucaracha. Merecido lo tendrá.