lunes, 20 de abril de 2009

Cuba despreció la Cumbre


"Fidel antes, durante y ahora, jamás se equivoca. Lo que viene haciendo con la isla-cárcel es lo justo. Son los demás los extraviados", escribe el columnista este lunes.

Los medios de comunicación cubanos no han dicho ni una palabra sobre la V Cumbre de las Américas, si exceptuamos algún elogio hacia el mando bicéfalo de la isla por parte de los presidentes consortes de la dictadura: Chávez, Correa, Ortega y Evo.

Ayer, por lo contrario, el diario oficial del Partido Comunista de Cuba, "Granma", de obligada lectura para el pueblo, inundaba sus páginas de color bulbo explayándose sobre la reunión de los miembros del ALBA en Cumaná.

Allí, en ese sarao burlesco cara al "Golfo Triste", nadie pidió para la isla –sería impensable- democracia, libertad, derechos humanos, siendo esa la página pendiente, entre "otros" horrores faltantes, en el libro "Las venas abiertas de América Latina", la obra de Eduardo Galeano que Hugo Chávez entregó a Obama en Trinidad-Tobago.

"Las venas", piensan muchos en el continente, es una retórica del victimismo que merecería una profunda revisión. El trabajo de Galeano es admirable aún faltando algo básico: la autocrítica. No siempre los males de esta tierra de gracia y desgracias vienen de la mano de los otros.

Cuba, que vuelve a estar en el candelero, espera recibir sinecuras sin ofrecer nada a cambio. Fidel antes, durante y ahora, jamás se equivoca. Lo que viene haciendo con la isla-cárcel es lo justo. Son los demás los extraviados.

Ahora se pregunta si la OEA tiene el derecho de existir al ser él, por motu propio, el Sumo Ungido de una doctrina totalitaria impuesta al capricho de su santa voluntad.

Leerle ahora, al momento de enfrentarse inexorablemente a su destino final y tener que dar cuenta al pueblo cubano de sus desafueros, demuestra que el viejo lobezno sigue enseñando sus dientes hendidos al pie de la tumba.

La totalidad –o casi– de los 34 países que forman la Organización de Estados Americanos, piden el regreso de La Habana al seno de la organización tras 48 años fuera de ella, con un pequeño matiz: que Cuba exprese un compromiso con la democracia. ¡Tremendo sacrilegio! Lo solicitado –se salvan los genuflexos Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela- es inaceptable. Para Castro, La OEA tiene una historia que recoge toda la basura de 60 años de traición a los pueblos de América Latina, al ser solamente su persona inmaculada el resplandor moral del continente.

Ni pensar por un instante que el señor de la isla que se muerde la cola igual a cocodrilo hambriento, pedirá el regreso a "esa infame institución". Le ofende incluso que alguien lo piense. Es más, con esa prepotencia característica de los déspotas, señaló: "Algún día muchos países pedirán perdón por haber pertenecido a ella".

Castro debería hacerlo, durante milenios, a la sacra libertad del hombre por él pulverizada.

Cadena Global