miércoles, 1 de abril de 2009

El lago de Chávez


Hugo Chávez, siente una animadversión patológica contra el estado Zulia. Jamás el gobierno socialista ha podido quebrantar el arraigo libertario de este pueblo. Mientras otras entidades marcharon tras el embriagante festín de la ilusión. La región petrolera, se mantiene incólume defendiendo con firmeza el ideario que la hace ejemplo permanente de generaciones.
¿Cual será el componente que hace distinto al zuliano?, quizás nunca comprobemos ese aditivo que los diferencia de otros venezolanos. En diez años han tenido toda una andanada de presiones, visitas y chantajes por parte del Ejecutivo nacional. Sin embargo, el proceso revolucionario no encuentra la forma de envolver a los nacidos en esta hermosa región del país.

Ante esta dura realidad Hugo Chávez, preparó la cruel venganza. Como una bruja medieval fue cocinando a fuego lento el nuevo artificio; utilizando los ingredientes que le son propios, quiso liquidar con múltiples hechizos la suerte del estado Zulia. Pensaba que con su lenguaje ecatológico podía redimir la voluntad ciudadana, haciéndolos tiernos corderos para el filoso cuchillo. Ninguna de sus artimañas proveyó algún efecto en los occidentales. Es como si desde las profundidades del lago, existiese la fórmula secreta para contrarrestar las pretensiones hegemónicas del huésped de Miraflores.

Quebró su escoba voladora y mirando la bola de cristal, tomó por asalto los destinos del puerto, y el puente sobre el lago de Maracaibo. No sin antes, irrumpir en el aeropuerto de la Chinita. Pensó que sustrayendo estos iconos de la zulianidad podía hacerlos retroceder. Nada más lejos de la realidad, el rayo del Catatumbo acompaña la gesta heroica del gran pueblo zuliano.

Envilecido por su sed de venganza Hugo Chávez, busca destruir a Manuel Rosales. Con la anuencia de los poderes sumisos y genuflexos, inventó un expediente para llevar a la cárcel al flamante alcalde de Maracaibo. Le molesta el liderazgo que encarna este magnifico funcionario público, al que lo quieren ajustar políticamente. Sus gestiones son una muestra palpable del trabajo sin descanso, por una región que lo reconoce como un hijo preocupado por su lar nativo. Un demócrata integral que encarna el diálogo, como prueba palpable de una vida transparente al servicio de los menos favorecidos.

En su intento por aniquilar al estado Zulia, seguramente en sus entrañas Hugo Chávez, soñaría con tomar por asalto al impetuoso lago. Llevárselo en sus alforjas, para que sea el nutrimento especial, que mantenga está pesadilla que nos desgobierna desde hace una década. Utilizar las inmensas reservas petroleras que están en el subsuelo, para avanzar es su desquiciante mensaje desintegrador.

El ímpetu zuliano le roba la calma. Ese inquieto espíritu que deambula entre parrandas, gaitas y conciencias puras, lo llenan de angustias filosofales. Las trampas dominicales, sus discursos circenses, no funcionan en este espacio abierto en donde el sol besa la tierra abrazada con el alma.
Aunque multipliquen las triquiñuelas, siempre el gentilicio zuliano colocará en su sitio al sátrapa presidencial. Es un pueblo que vive su regionalismo adorando a Venezuela. Con ellos no existen poses, o mentiras maquilladas. El socialismo bolivariano no tiene cabida dentro de este sentimiento hecho ciudadanía.

Sueña Hugo Chávez, con el imponente lago. Quisiera tenerlo entre sus pertenencias, anhela que muchos de sus funcionarios, pudiesen disfrutar de sus aguas maravillosas. Pasar de la enlodada laguna al gran escenario. Sería un gran regalito para tanto emplumado ejemplar del zoológico revolucionario.


Alexander Cambero
El Universal