martes, 7 de abril de 2009

¿Quién quiere ser esclavo?


¿Quién quiere ser esclavo de esta inmundicia y su máximo y único líder?


Pensará que gobernar sobre las ruinas es mejor que hacerlo contra un país levantisco

No resulta mera casualidad que en el transcurso de una semana la sentencia contra los comisarios y los policías confirmara los peores temores sobre una decisión que intenta lavar la mala conciencia del régimen, el general Baduel haya sido sometido a prisión y se mantuviera la persecución policial en contra del alcalde Manuel Rosales. A estas alturas ni el más ingenuo de los mortales podría suponer que se trata de hechos aislados donde la justicia civil, la justicia militar y las fuerzas represivas del gobierno resultan entes autónomos, desconectados unos de otros y por tanto libres de cualquier otra voluntad que no sea la quienes tienen la responsabilidad de conducirlos en sus acciones y decisiones.

Obviamente no es así y el síntoma más grave de esta escalada no resulta únicamente el hecho de que, otra vez, el mandamás se sienta libre de cualquier obstáculo que se interponga entre su obsesión de poder ilimitado (esto es ya tan viejo y está tan gastado como el mismo gobierno), sino la desfachatez de proceder con total prescindencia de formas y apariencias.

Cuando a Rosales se le hostiga y persigue aun sin orden judicial, a Baduel se le humilla y maltrata sin ninguna consideración por su papel en la defensa de Chávez (gracias a él sigue en el poder) y se confirma una pena aberrante contra comisarios y policías, el gobierno nos está diciendo que seguirá haciendo lo que le da la gana, pero ahora sin melindres ni redaños, despojado de ese cierto rubor exhibido por algunos diputados que intentaban refutar la condición autoritaria del régimen y un objetivo totalitario que hasta ahora la sociedad democrática pudo refrenar en medio de todo tipo de dificultades.

En otras palabras, pasamos a la siguiente fase del proceso, consciente como está quien manda de que la única forma de imponerle a la mitad del país una forma de vida rechazada ya por todos los medios, son la represión y la brutalidad. No hay otra manera porque el totalitarismo va en contra de la condición humana y resulta un contrasentido intentar establecerlo a través de métodos democráticos, lo cual equivaldría a proponerle a alguien que vote a favor de su propia esclavitud.

Lo llamativo de todo esto es que el mandamás da el paso en un momento de dificultades económicas y sociales, con lo cual nos está diciendo que no le importa el costo y ya no decimos político que implica ponerse a la cabeza de una dictadura desembozada. Él pensará que gobernar sobre las ruinas puede ser hasta mejor que hacerlo contra un país levantisco que no se deja mandonear por nadie. Pero más llamativo aun resulta la actitud y sobre todo la estrategia que adopten las fuerzas democráticas para desterrar el miedo que puede despertar la arbitrariedad armada, despertar el ánimo de la gente y detener, de nuevo, la intentona totalitaria.

Roberto Giusti
El Universal
http://www.eluniversal.com/2009/04/07/opi_art_quien-quiere-ser-es_1329490.shtml