sábado, 26 de septiembre de 2009

El país de los soldados malditos


Fue nuestro flamante presidente, al tomar posesión en aquel lejano año de 1999, cuando frente a todos los poderes públicos del país proclamó con las palabras del Libertador que malditos serían aquellos soldados que empuñaran las armas de la república contra el pueblo. Lejanas, muy lejanas me suenan esas palabras, y esas promesas de que nunca, mientras él fuera Jefe de Estado, se iba a permitir que la fuerza armada sirviera para amedrentar y sojuzgar al pueblo.


Diez años después vivimos una dictadura militar en la cual los componentes de la fuerza armada están a la disposición de la represión y la sistemática violación de la Constitución Nacional. Y no hay espacios para la conmiseración. El presidente de la República, su gabinete ejecutivo y la Fuerza Armada están plenamente conscientes y son plenamente responsables de lo que aquí en nuestro país está ocurriendo. Que el pueblo está siendo masacrado en sus derechos. Que la protesta ciudadana se está criminalizando. Y que el gobierno está seleccionando cuidadosamente los blancos de su represión para que cada uno de ellos represente con claridad meridiana los sectores con los que este gobierno no está dispuesto a transarse. Políticos, dirigentes populares, trabajadores, estudiantes y empresarios están en la siniestra lista de la represión focalizada para amedrentar al resto. Con esta secuencia de agravios el presidente Chávez demuestra cual es la esencia de su agenda: la opresión, la esclavitud, y el uso del poder para aplastar con toda la violencia que sea necesaria cualquier expresión de disidencia.

Hoy sábado 26 de septiembre de 2009 amaneció detenido en la Comandancia de la Policía de Barquisimeto un dirigente empresarial. Eduardo Gómez Sigala es un hombre de noble estirpe, luchador frontal contra la barbarie y creador persistente de riqueza y prosperidad nacional. Ex presidente de Conindustria y representante de ese sector ante Fedecamaras fue el señalado para encabeza esta nueva etapa de la represión. Frente a sus ojos la maquinaria de exterminio, especialmente resguardadas por la fuerza del orden, procedieron primero a allanar la propiedad, y luego a arrasar la siembra. Allanar y arrasar para dejar por hecho que la hacienda era un terreno baldío. Allanar y arrasar para mostrar que aquí en el país la razón la tienen los poderosos y no los sensatos. Allanar y arrasar para advertirnos al resto que esta maquinaria de violencia no tiene compasión ni precisa consideración alguna. Allanar y arrasar para que todos sepan que aquí alguien manda montados sobre los hombros del irrespeto a los derechos humanos y garantías ciudadanas.

¿No es esta razón suficiente para la indignación? ¿No es la barbarie suficiente argumento para que proceda la denuncia y el reclamo ciudadano? Pero la esencia de la tiranía es la degustación del sometimiento absoluto. En eso coinciden los malandros y el gobierno. Ambos resienten del otro. Ambos quieren como pago la humillación más abyecta, el silencio encuclillado, el aplauso y el reconocimiento ante el cadalso. Pero hay hombres que no se someten y pagan el precio. La razón de las bayonetas es plomo, gavilla, y ahora la perversión de la verdad. Pasar de agraviado a agresor. De víctima a criminal. Esa es la esencia de este gobierno. Esa es la lógica del presidente Chávez, culparnos de las mentiras, encerrarnos en un proceso judicial con el que es capaz de tirarnos como perros sarnosos en las cárceles del olvido. Y allí, comenzar con la corrosión del carácter, y de la reputación. El soldado reprime y la maquinaria ideológica destruye.

Hasta aquí nos ha traído nuestra cobardía, nuestra falta de solidaridad social y nuestro individualismo abyecto. Así es posible que algunos se salven, pero lo serán para vivir el resto de su vida en la infamia. Ahora lo que tocaría hacer a una sociedad decente es sentir que somos una comunidad en la que todos somos a la una German, Manuel, Richard, Julio, José, Antonio, y ahora Eduardo. No hay tiempos para las dudas. Es más, cualquier duda es sospechosa. No hay tiempo para las reflexiones y las deliberaciones, cualquier tiempo de silencios es criminal.

Por eso yo proclamo mi posición: Es inaceptable que este gobierno siga usando al poder y a la Fuerza Armada para violar sistemáticamente la Constitución del país. Repudio por tanto el agravio que se le está infringiendo a la comunidad empresarial venezolana. Me parece intolerable que los creadores de riqueza y prosperidad sean sistemáticamente perseguidos. Que la ley se haya convertido en un arma legítima contra los derechos y libertades ciudadanas. Y que la justicia se haya degradado hasta ser el verdugo del odio. Vivimos un país maldito, donde la oscuridad de la represión injuria al cielo y nos impide ver la luz del sol. Vivimos un momento donde la indiferencia estorba, donde el temor ofende y donde la precaución nos hace culpables.

¡Viva Eduardo! Ahora víctima, que al final reivindicará la historia.
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